SEX ASSISTANT EN DOS INTENTOS / Pedro Marrero

SEX ASSISTANT EN DOS INTENTOS

Pedro Marrero @torojones_

“Y aunque me digas

Que no me quieres

Dulcemente vivirás en mi

Como cantío de inquietas aves

Como el rocío de una nube gris.

Y aunque mi vida

Se torne errante

Te juro que anhelante esperaré

Por ti.” 

José Sifontes, compositor venezolano. 

I.

El sapo es un animal muy supersticioso, cree que la influencia solar le convierte en gnomo y que el contacto labial hace contagiosa la condición humana. Como espectador-sapo, busco relaciones, constelaciones.

Cuando una singularidad se manifiesta en voz y en peso, mi lengua rapaz enciende con su tacto intertextual las otras luces y termino con el nacimiento completo. La natividad que evocamos en esta oportunidad es la de una sexualidad minoritaria que más que estigmatizada ha querido ser neutralizada, invisibilizada, desmaterializada en idealismos angélicos y pretensiones evolutivas. Puedo hablar con confianza: mi cuerpo es disidente y a la vez sancionado por las mismas taras culturales que “discapacitan” a los cuerpos/sujetos y los bautizan como otredades. [1]



Las otredades son a menudo tomadas por paredes, muros que separan lo que no se quiere ver (culpen a Hefesto, el cojo olímpico, esa es otra historia[2]). Entonces las paredes hablan, sienten y, para el escándalo público, copulan, se entrechocan y emprenden el cuerpo como ese territorio de la rebeldía[3]. Rebeldía. Palabra que nos ocupa, palabra franca que conecta la narrativa de los cuerpos disidentes con la experiencia personal de Andrés González y Daniela Berlet  en sus aventuras y desventuras con asistentes sexuales improvisados en Venezuela, relatadas en el cortometraje “Sex Assistant,” estrenado el 12 de septiembre de 2019 en el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar.

“Sex Assistant” es un filme atendido por sus propios dueños, ambos usuarios de silla de ruedas, aunque con grados de movilidad distintos, y si bien fastidia tener que aclararlo, personalidades y fantasías muy distintas también. Andrés es  inquieto, en busca de la expresión. Y canta arrechísimo. Daniela tiene un alma dulce y anhelante y vocación de comunidad, canalizada en parte por la fundación que lleva su nombre y que es concebida para facilitar la autonomía de las personas con discapacidad y la creación de conciencia en esta materia.

Quiero descender desde el olimpo, nuevamente invocado, de la hegemonía cultural y los #OscarsSoWhite, desde Mark O’Brien[4] y Andrew Gurza [5](ídolos), para aproximarnos a una experiencia de la discapacidad más autóctona. At least in “Yes, We Fuck” (España, 2015) se habla español. Dejemos atrás por un momento los referentes históricos, culturales y trendy. Historia y Cultura de la Discapacidad. Historia de la cultura de la Discapacidad. Lo que nos lleva a Andrés y Daniela. Director y Productora. Sujetos parlantes. Sus cuerpos, literales lugares de enunciación. Porque no solo el alma anhela.

“Sex Assistant” cuenta la historia de una pareja que procura hacer lo que hacen casi todas las parejas (¡aguante, asexuales!). El asunto es que  un hombre y una mujer heterosexuales con movilidad reducida no pueden simplemente hacerlo like they do it on Discovery Channel. No pueden hacerlo “según el libro,” como dice Andrés en un punto del cortometraje. Pero el libro es aburrido, tiene pocas páginas, todavía menos fotografías, y deja mucha materia sin cubrir. En general, y en particular en un país desasistido como aquel lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, “hay que ser creativo,” volviendo a citar a Andrés.

II.

La ducha no es necesariamente un espacio erótico. Es un espacio íntimo. Y la idea de compartir ese espacio, ese ámbito íntimo medido en centímetros cúbicos, inmediatamente es erótica. “Un fulano catorce de febrero,” Daniela y Andrés se duchan juntos por primera vez. Para las personas con movilidad reducida es habitual la invasión o la cohabitación en la intimidad o en los hechos íntimos de la cotidianidad, una gran cantidad de veces sin una contraparte sensual, afectiva, erótica.

Tras esa breve introducción, el filme entrega el abalorio (que no la perla), apenas a unos cuatro minutos de empezar: si la pregunta de los fisgones es “¿cómo lo hacen?” la película lo responde sin mayor ceremonia antes de todo. “Así lo hacemos, ¿podemos pasar a otras cuestiones más importantes?” parece decir así el jinete del discurso fílmico, dejándose llevar por su querencia. Ningún documental. Un testimonio, una experiencia, una postura compartida, naturalmente, con fisgones, pero con la esperanza de que sean fisgones de otra naturaleza, fisgones que estén dispuestos a asumirse parte de una constelación, un archipiélago de cuerpos singulares e imposibles, todos ellos. Un silencio propicio, interrumpido apenas por el sonido mecánico del motor de la silla de Andrés acoplándose y desacoplándose cada vez que Andrés lo acciona para delicada y precisamente aproximarse y alejarse de Daniela. No ya la tecnología del yo de la que habla Foucault sino la tecnología del cuerpo. Transhumanismo[6]. Una fantasía erótica no extraña a la historia de la expresión humana, desde el futurismo hasta Bukowski y su máquina de follar. Tras aquella sosegada escena climática, Andrés introduce el término que hace complejo a lo que asépticamente se le llama coito, en esta ocasión: la rebeldía. Dediquémosle un momento a George Bataille y su libro de 1957 “El Erotismo.”

 “La actividad sexual reproductiva la tienen en común los animales sexuados y los hombres, pero al parecer sólo los hombres(sic) han hecho de su actividad sexual una actividad erótica, donde la diferencia que separa al erotismo de la actividad sexual simple es una búsqueda psicológica independiente del fin natural dado en la reproducción.”

Este asunto del que Bataille habla con un tono de diagnóstico, es cualquier sexualidad humana, pero la rebeldía es posible y necesaria en tanto que para gran parte de la cultura masiva la sexualidad de las personas cuyos cuerpos transgreden los márgenes de la tolerancia a la diversidad (ya que la normalidad no es sino un rango en un espectro) el pleno ejercicio de la sexualidad en personas con discapacidad es una transgresión. A esto, supongo, se refiere Andrés cuando se refiere a cómo se hacen las cosas en el libro.

Para Daniela y para Andrés, el asunto no era entonces nada más regalarse esa experiencia, sino dejar a otros asomarse a esa experiencia para convertirla en una afirmación política. Y para que este acto material y afirmación política pudiera realizarse, se necesitaba la figura empática de un acompañante sexual, o lo que en otras latitudes y otras posibilidades de profesionalización se conoce como asistente sexual. Daniela se refiere a la “logística” en este punto, y parte del arte indispensable para que dos cuerpos con movilidad comprometida se encuentren y se amen con comodidad y seguridad es sublimar esa logística y quitarle el carácter de tal.

Hay, en estos primeros tropiezos de Andrés y Daniela, una primera vez más significativa: la primera vez que se ven desnudos.

Bataille: “La acción decisiva es la de quitarse la ropa. La desnudez se opone al estado cerrado, es decir, al estado de la existencia discontinúa. Es un estado de comunicación que revela un ir en pos de una continuidad posible del ser, más allá del repliegue sobre sí. Los cuerpos se abren a la continuidad por esos conductos secretos que nos dan un sentimiento de obscenidad. La obscenidad significa la perturbación que altera el estado de los cuerpos que se supone conforme con la posesión de sí mismos, con la posesión de la individualidad firme y duradera. Hay, al contrario, desposesión en el juego de los órganos que se derraman en el renuevo de la fusión, de manera semejante al vaivén de las olas que se penetran y se pierden unas en otras. Esta desposesión es tan completa que, en el estado de desnudez –estado que la anuncia, que es su emblema-, la mayoría de seres humanos se sustraen; y con mayor razón si la acción erótica, que completa la desposesión, sigue a la desnudez.”

Si pareciera que la última y extensa cita de Bataille contiene spoilers, es parcialmente cierto. Parcialmente porque las cosas, de nuevo, no ocurren como “en el libro” (ni siquiera como en el de Bataille) y aunque la desembocadura es la misma en esa disolución en las olas, los meandros que debieron sortear Andrés y Daniela fueron otros, y atravesaban regiones innombradas e inexploradas que ellos se dedicaron a conquistar.

La cruzada llevó a Andrés a Argentina, una escala inesperada en la salida de ambos al mar. Fue en ese país donde Andrés tuvo mayor acceso a la información sobre la sexualidad asistida (bajo el tutelaje de expertas en sexualidad y discapacidad como Silvina Peirano y María Elena Villa Abrile) y con ese importante elixir, ya de vuelta en Venezuela, intenta junto a Daniela dejar atrás un intento fallido recurriendo a los servicios de una fisioterapeuta. La primera mediación es entonces la médica, y, no debe sorprendernos que no fuera el catalizador que necesitaban, sino un guisante debajo de la almohada. Pero, corrige Daniela, “la primera persona que nos asistió no fue ella, fue una puta.” Curiosamente, en palabras de Andrés, tanto una como otra profesional del cuerpo podían presumir de “muy poco tacto.”

“Todo servicio hay que pagarlo,” dice Daniela, y esto me recuerda el momento en la película “The Sessions” (Ben Lewin, 2012) basada en el artículo “On Seeing a Sex Surrogate”,[7] en el que Helen Hunt, quien interpreta a la asistente sexual Cheryl Cohen-Greene, le aclara a su cliente la diferencia entre prostitución y asistencia sexual: “Así que la diferencia entre una prostituta y yo es que una prostituta quiere que regreses, es lo que espera desde una perspectiva de negocios. Yo no. Yo estoy aquí para ayudarte a aprender sobre tus sentimientos en torno al sexo.” El problema es que, tal y como lo cuenta Daniela, incluso como mujer de negocios, la trabajadora sexual que contrataron dejaba mucho que desear. Ni soñar con aquella experiencia tan de primer mundo.

TRAILER: https://youtu.be/BGZnXD2-oaM

¿Qué podía hacerse entonces? Incorporar no solo otro cuerpo, como cuerpo y no como recurso, pero más fundamentalmente, otra subjetividad. Elocuentemente, la única otra subjetividad, el único otro nombre y apellido, el único otro cuerpo que aparece en la película es el personaje del título, o su mutación adaptada a la circunstancia apremiante de Daniela y Andrés: Desireé Chique, artista devenida en médium de la sensación, en alquimista invitada dispuesta a disolver individualidades en procura del placer.

Entonces pasa lo que pasa. Hacer el amor no se ve como un plano general. Son retazos veloces, contundentes y punzo-penetrantes, como el montaje de una pelea en una película de Hitchcock. Desireé hace una diferencia por ser cómplice y no asistente, y repitiendo a Bataille, ocurren el derrame y la fusión. El filtro ocular y presencial de Desireé, tercera en aquella intimidad, es el cauce que recibe y hospeda las miradas convocadas de fisgones trascendidos, poseedores de un nuevo elixir para leer los cuerpos, todos los cuerpos, de otra manera. Esa transformación del deseo y la mirada, nos toca hacerla a todos.

Hay por supuesto, en esta celebración de los cuerpos y del amor, dolor, pesadilla y ruptura. Esto agrega una dimensión más compleja y real al relato de Daniela y Andrés.


[1] Tremain, Shelley.(Comp.) (2005). Foucault and the Government of Disability. AnnArbor, Estados Unidos: University of Michigan Press.

[2] “El mito de Hefesto: La constitución ambivalente de la discapacidad en los orígenes de la cultura occidental” es una tesis doctoral de F. Patricio Pedraza que propone la construcción de un concepto primordial de la discapacidad en Occidente a partir de mitología de Hefesto.

La narrativa del mito de Hefesto es estudiada por Pedraza teniendo en mente de qué manera el mito refleja los sentimientos fundacionales respecto a la discapacidad y la diversidad corporal, según su tesis el asco y la vergüenza.

[Pedraza, F. Patricio. El mito de Hefesto: La constitución ambivalente de la discapacidad en los orígenes de la cultura occidental (Tesis doctoral). Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España.]

[3] Aquí hago referencia al libro “El Cuerpo Como Territorio de la Rebeldía” escrito por la coreógrafa, intérprete, investigadora y docente Julie Barnsley. En él, su autora invita a revisar “el violento tratamiento, las pobres y muchas veces erróneas conceptualizaciones y el trágico legado histórico que Occidente ha otorgado a nuestro enigmático cuerpo / mente.”

[Barnsley, Julie. (2006). El cuerpo como territorio de la rebeldía. Caracas, Venezuela: Instituto Universitario de Danza.]

[4] Mark O’Brien fue un poeta y periodista estadounidense con discapacidad motora severa que además de escribir la ahora célebre crónica de su experiencia con la sexualidad asistida, luego llevada al cine, también fue sujeto del documental ganador del Oscar “Breathing Lessons: The Life and Work of Mark O’ Brien,” dirigido por Jessica Yu y estrenado en 1997. El cortometraje se enfoca en cómo consigue O’Brien cubrir sus necesidades básicas económicamente gracias a su trabajo periodístico y con la mínima asistencia. O’Brien murió en 1999 a los 49 años. El documental completo está disponible en https://www.snagfilms.com/films/title/breathing_lessons

[5] Andrew Gurza es un activista, asesor sobre temas de discapacidad, diversidad y sexualidad, y creador de contenido estadounidense con parálisis cerebral que defiende y promueve la expresión plena y heterogénea de las personas con discapacidad. A través de las redes sociales y su podcast “Disability After Night” ha popularizado la etiqueta #disabilitybodiesaresexytoo

[6] Inicialmente un movimiento utopista, el transhumanismo ha devenido en discusión filosófico-científica sobre las posibilidades de expansión del cuerpo y la especie humana mediante su compenetración con la máquina y la ingeniería genética. El transhumanismo debuta como movimiento en 1983 con el “Manifiesto Transhumano,” escrito por Natasha Vita-More.

[7] En 1990 el poeta estadounidense Mark O’Brien publicó en la revista “The Sun” lo que iba a ser un reportaje sobre la sexualidad de las personas con discapacidad en la ciudad y que terminó siendo una crónica sobre su propia experiencia con la asistente sexual Cheryl Cohen-Green. El reportaje de O’Brien, quien perdió la movilidad de su cuerpo a la edad de seis años a causa de la poliomelitis, fue adaptado al cine en 2012 bajo el título “The Sessions.”

[O, Brien, Mark. (1990) On seeing a sex surrogate. The Sun Magazine.]


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