Los Hilos del Caos / Mafe Izaguirre

Advertencia: Este es un ejercicio libre de pensamiento y escritura. Usted puede encontrarse con bellos y significativos errores, unas muy malas conductas gramaticales y naturales contradicciones pero aún así entretenerse. Si quiere establecer contacto conmigo puede escribime a: mafelandia@gmail.com estoy abierta a la crítica constructiva y también a la destrucción masiva e inmoral.

Los Hilos del Caos

Por Mafe Izaguirre. Nueva York, Mayo 2018

Algunos tenemos cierta obsesión por los sistemas. Una necesidad de relacionar, construir mapas y generar perspectivas de realidad. Como si se tratara de una colección de notas, imágenes y objetos cuidadosamente curados, nombramos nuestro mundo y sus contenidos de acción. Aquello que no se define dentro de los límites de nuestro formato queda por fuera, habitando un no-lugar. Éste es el espacio cargado de marginalidad.

A menudo oscilamos entre nuestras dimensiones de visibilidad. El mundo que creemos cierto y verdadero, se encuentra sostenido con tensión, entre sustantivos y verbos que imaginamos inmutables. Eso que vemos se convierte en nuestro mirar y en una mirada: los valores por interés, jerarquías por ubicación y otras definiciones contextuales nos delimitan y nos mueven; son nuestra guía y motor.

El resto, es ignorado. Devaluado. Velado.

En esta urgencia por decir, nos encontramos repetidos en constantes ejercicios de derivación. De las copias de las copias, surgen convenios, clanes y se yerguen las mentalidades que nos orbitan, quienes les apoyan, aquellos que les resisten, los transgresores y los sumisos. Abanderamos cruzadas enormes por seguir los ritmos, liderar las progresiones y por protagonizar cualquier anomalía. Pero sobre todo, amamos irracionalmente los círculos y semicírculos que nos contienen.

¿Y qué de los marginales residuos?

Podríamos dejar de vivir por la verdad y a cambio sumergirnos en las entrañas del pensamiento lógico y sistemático en busca de toda invisibilidad. Adentrarnos en un continuo caótico y mutante, más que en ideas muertas. Entonces ahí, entre líneas y palabras hallar categorías estéticas vivas, otras Ilusiones, fracasos y mediocridades. Caminar por los senderos desvergonzados propios de las personas cínicas, que como los bordes de un tejido, son placenteros e incómodos. Transitar sin temor las imágenes del todo que asaltan y del vacío que absorbe. Comulgar con nuestras contradicciones sin hallarnos oprimidos por ninguna forma de pensamiento. Encontrar todo lo que está afuera de las lineas que nos dibujan.

Es probable que este intento de diálogo resulte patético o que como primera contradicción se figure un sistema amorfo producto del acto periódico de escribir y relatar.

Dinámica e impredecible como el caos, así es esta columna.

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