Habitar el cuerpo artificial / Mafe Izaguirre

Stelarc: Escultura de Estómago, 1993.

La Era Eléctrica

Diálogo asíncrono sobre Arte Cibernético, Transhumanismo y Conciencia Artificial a propósito del evento Tres lecturas del arte y las máquinas computadoras en Venezuela.

Las máquinas ya no son entendidas solo como herramientas funcionales —como un pincel o cincel— para justificar su rol en el arte. El presente tecnológico conlleva una nueva perspectiva del espacio-tiempo, cuya expresión artística correspondiente, no es de representación sino de integración con el ser performativo; medio y discurso sobre las limitaciones y extensiones de nuestras mentes y cuerpos.

Aproximarnos a las expresiones contemporáneas del capitalismo tardío, requiere de nuevas perspectivas. El nuestro, es un repertorio de condiciones influenciadas por la performance. Producción, circulación y consumo amalgaman nuestra sociedad, en la cual arte y ciencia, danzan juntas en sus extremos y significados. Bajo esta luz, no podemos usar las mismas categorías estéticas de siglos pasados para definir la esencia de la poética computarizada. Para mirar el presente necesitamos aproximarnos a la tecnología como lenguaje.

La era eléctrica fue definida por McLuhan como una condición variable en la cual dos o más cuerpos se relacionan en tiempos y espacios discontinuos y diversos, generando sus propios espacios. En el entendiendo de que la electricidad no es una “cosa que fluye” o que está “contenida” en algo, sino que es un carácter instantáneo que lo invade todo, relacionado más con una forma de pensar que con una forma de hacer. Una sincronización, que extiende el proceso instantáneo del conocimiento que ha ocurrido durante largo tiempo en nuestro sistema nervioso.

“Este es el principal aspecto de la era eléctrica que establece una red global que tiene mucho más carácter sobre nuestro sistema nervioso central. Nuestro sistema nervioso no es solamente una red eléctrica, sino que constituye un campo unificado de experiencia. Como los biólogos apuntan, el cerebro es el lugar de la interacción donde todos los tipos de impresiones y experiencias pueden ser intercambiados y transmitidos, activándonos a reaccionar hacia el mundo como un todo. Naturalmente, cuando la tecnología eléctrica entra en juego, la industria y la sociedad asumen rápidamente una postura unificada ante la gran variedad y extensión de las operaciones. Sin embargo, esta unidad orgánica de interpretación que el electromagnetismo inspira en las áreas y órganos de acción más diversos y especializados, es todo lo contrario de la organización en una sociedad mecanizada. (…) La automatización trae consigo la ‘producción en masa’ real, no en términos del tamaño de las audiencias, sino mediante el factor de que todos se involucran en ello, al mismo tiempo, como unidad orgánica.”

McLuhan, Marshall; Entendiendo los medios: La Extensión del Hombre. McGraw-Hill, 1965.

Esta idea de un sistema nervioso extendido y expuesto, compuesto por energía, tiene por efecto la modificación de los procesos de percepción y los modelos de información, es decir, no almacena ni mueve nada, sino replantea nuestras formas de pensar y de existir en el mundo, así como el rol que naciones, gobiernos, educación, corporaciones e individuos juegan en la economía. La retroalimentación, el diálogo, entre las máquinas y sus entornos, se convierte en el factor de crecimiento de un sistema orgánico que promete traer consigo cambios estructuturales. La aceleración tecnológica demanda una intensa sensibilidad y adaptabilidad ante la interrelación y la comunicación entre los procesos que conforman el todo, generando diversidad de nuevos talentos y llamando a los individuos a asumir el rol de artistas en la sociedad, con el objetivo de superar la fragmentación y las rutinas repetitivas propias de la era mecánica. En una realidad en la cual los límites entre el Ser artificial y el Ser natural se desdibujan, la automatización, la diversidad, la descentralización y la autonomía artística se convierten en motores evolutivos. El desarrollo social, cultural y económico, el futuro de las naciones y de la humanidad, se traduce términos de acceso tecnológico.

El cuerpo-mente artificial

Las referencias sobre la creación de una máquina que imita al hombre, encuentra su origen en la mitología griega. Hefesto, quien fabricaba todas las armas de los dioses del Olimpo, creó un androide para su taller. Talos, fue un androide gigante hecho de bronce para proteger Europa y Creta de los piratas e invasores. Daedalus, fue un talentoso artesano y artista que usó azogue (mercurio) para instalar voces a sus estatuas en movimiento.

No es sino hasta el siglo XX, que un androide aparece en el cortometraje mudo del director Herman C. Raymaker, Un Maniquí Inteligente (A Clever Dummy, 1970). La trama desarrolla la historia de un inventor que crea un maniquí mecánico con la habilidad de bailar (moverse) y de contar dinero (pensar). La idea del replicante se comienza a vislumbrar cuando un humano se hace pasar por el androide y el público no les diferencia. Para entonces, el término robot no existía.

A Clever Dummy, 1917 (Corto Mudo)

La palabra robot proviene del Eslavo antiguo Rabu, “esclavo” y evolucionó como Rabota “servidumbre” a el Checo Robotti “trabajar, “, al Checo Robota “trabajo forzado, servicio compulsivo“ al Checo Robotnik “trabajador forzado” al actual término Robot como lo conocemos desde 1920. La primera vez que se empleó el término robot en la ciencia ficción, fue en la obra del escritor Checo Karel Čapek, R.U.R (Rossum’s Universal Robots,1920), presentada en Nueva York en 1920, bajo el título en inglés: Los Robots Universales de Rossum. 

Una escena de la obra R.U.R. en donde aparecen los primeros tres robots, 1921.

“La obra comienza en una fábrica que hace personas artificiales, llamadas roboti (robots), de material orgánico sintético. Éstos no eran exactamente robots como lo entendemos ahora, eran criaturas vivientes de carne y hueso. En lugar de maquinarias, una idea más cercana a lo que nos referimos con androides o replicantes. El objetivo era que fueran confundidos con los humanos y pudieran pensar por ellos. Al principio se veían felices de trabajar para los humanos, pero una rebelión robótica ocurre y conlleva al exterminio de la humanidad. Čapek luego toma una aproximación diferente al mismo tema en “Guerra con los Newts” en la cual no-humanos se convierten en la clase esclava de la sociedad humana.”

Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/R.U.R.

La idea del cuerpo artificial no se circunscribe a la simulación o a la imaginación, ésta remonta el antiguo Egipto donde se inicia el campo de la ciencia protésica bajo el principio de agregar partes a nuestro cuerpo que reemplazan otras partes perdidas o para ayudarnos a recuperar funciones necesarias. Desde 1958, el uso de dispositivos mioeléctricos —aquellos que utilizan tensión eléctrica generada cada vez que un músculo se contrae como información— nos permite traducir impulsos neurales desde el músculo del usuario en movimiento a las prótesis. Las prótesis robóticas que aparecieron en la década de los ‘80 dieron un paso más, integrando biosensores al sistema nervioso y al cerebro, desarrollando prótesis neurálgicas, exoesqueletos y análisis de datos. Hoy, desarrollamos órganos artificiales —dispositivos de ingeniería como tejido artificial que son implantados en el cuerpo humano para interactuar con tejido vivo— y nanorobots o máquinas microscópicas, aplicables a las células vivas con potenciales implementaciones como mejorar la imagen clínica y la distribución de drogas para terapias controladas.

Nuestro deseo y necesidad de extender las capacidades humanas para procesar eficiente y efectivamente la vasta cantidad de información, ambas mecánica y eléctrica, ha legado una tecnología más compleja y compacta. La necedidad de superar límites físicos mediante la “miniaturización” de los componentes electrónicos, ha traído consigo la investigación de nuevas tecnologías como la computación cuántica. Debemos mirar esta evolución hacia la solución de problemas como el almacenamiento de la memoria, el desarrollo de las redes neuronales, los sistemas de aprendizaje de la máquina, y las simulaciones. Y porqué no, también a la necesidad de sobrevivir un supuesto futuro distópico.

Stelarc: Implante de oreja en el brazo. Londres, Los Angeles, Melbourne, 2006

Stelarc, el artista performático cuyo trabajo se enfoca en la extensión de las capacidad del cuerpo humano, describe este fenómeno como una fuerza implosiva que obliga a la tecnología a volver al cuerpo, donde ésta es adjuntada e inclusive implantada. Stelarc entendía el desarrollo tecnológico como una acreción gradual a la condición humana, en lugar de como un activador que nos permitiría tener una mayor condición humana. Es decir, entiende nuestra relación con la tecnología como una simbiósis. En palabras de McLuhan, “la simbiosis se ha vuelto tan exhaustiva que ya no hay tal cosa como un individuo. La conciencia en sí misma es colectivamente y corporativamente extendida a toda la sociedad” ¿Qué mejor descripción del Internet?

Mapeo de Internet, Proyecto OPTE.

Filósofos y científicos convienen que la idea de conciencia es un problema no resuelto. Si miramos hacia los pensadores místicos, vamos a encontrar imágenes como “la luz que nos conecta.” El filósofo dirá que ciertamente no sabemos dónde comienza y dónde termina la conciencia, pero que en estos términos podemos distinguir una piedra de un humano. O podemos pensar que todo cuanto existe posee una cierta conciencia y considerar que el átomo es una pequeña expresión de ello. En estos términos, no hay límites para el concepto de conciencia. Marvin Minsky, el científico Estadounidense, cofundador del laboratorio de Inteligencia Artificial (IA) del MIT, en su libro La Máquina Emocional hace referencia al filósofo e investigador Aaron Sloman (1994) para abordar este problema:

“No vale la pena preguntarse cómo definir la conciencia, cómo explicarla, cómo desarrollarla, cuáles son sus fundamentos, etc., porque no hay una sola cosa por la cual todas estas respuestas coinciden. En su lugar, tenemos muchas sub-capacidades, para las cuales las respuestas son diferentes: por ejemplo, diferentes tipos de percepción, aprendizaje, conocimiento, controles de atención, auto monitoreo, auto control, etc.”

Aaron Sloman, Filósofo e Investigador en Inteligencia Artificial y Ciencias Cognitivas de la Universidad de Birmingham, Reino Unido; 1994.

En otras palabras nuestro contínuo sentido de experiencia, estado consciente, significado, reacción, identificación, especificación, atención, indecisión, imaginación, selección, decisión, planificación, reconsideración, aprendizaje, recuerdo, encarnación, expresión, narración, intención, aprehensión, razonamiento, reflexión, autorreflexión, empatía, reformulación, reflexión moral, autoconciencia, autoimagen y sentido de identidad, solo para comenzar a catalogar algunas de nuestras actividades mentales.

Minsky ofrece una imagen mecánica de la mente que pretende tangibilizar la construcción de una conciencia artificial. La riqueza de detalles en sus teorías sobre la simulación de los procesos mentales reducen su método del complejo reino del lenguaje al de los sistemas taxonómicos para el procesamiento de la información.

No obstante, el cibernético y psicólogo Gordon Pask sostiene una perspectiva diferente. Su compleja obra, extensa y profundamente pensada, se enfoca tanto en la naturaleza personal de la realidad como en la conversación, entendiendo ésta última como la interacción que sucede entre los actores y sus acuerdos. El cibernético, Prof. Paul Pangaro, nos introduce a la Teoría Conversacional de Pask, en su ensayo académico Cibernética y Conversación:

“Como seres observadores, aprendemos lo que aprendemos interactuando con nuestro entorno: los espacios, objetos, procesos y otros-que-también-observan a nuestro alrededor. Construyendo estas interacciones como “conversaciones,” ya sea como nuestros amigos o con nuestros peces, es altamente utilitario en ambos sentidos, en lo metafórico y lo formal. Metafóricamente hablando, “conversamos” con todo en nuestro entorno. “Ofrecemos nuestras visiones” en nuestras acciones, reacciones y pensamiento. El entorno “habla por nosotros” en el sentido que nosotros lo interpretamos. Respondemos a lo que escuchamos, vemos y sentimos, en un intercambio que tiene la misma estructura de un diálogo en el lenguaje. Más formalmente, el término “conversación” fue usado por Gordon Pask y otros en el cuerpo de trabajo llamado Teoría de la Conversación, el cual formaliza conceptos tales como el acuerdo, entendimiento y conciencia. Cada uno de estos conceptos (así como el concepto “concepto”) existen en relación a la conversación.”

Pangaro, Paul: Cybernetics And Conversation.

Desde esta perspectiva, el endoso de partes artificiales al cuerpo humano y la extensión de nuestro sensorium, abren una puerta a acciones y participaciones diferentes en la experiencia de la realidad, modificando la percepción del espacio entre quien percibe y aquello que es percibido.

Stelarc: Cuerpo Amplificado, ojos láser y tercera mano.

En el proyecto Inteligencias extendidas más allá de la Tierra, Stelarc propone el cuerpo como un concepto sensible. Su primer performance no fue acompañado por notas, manifiestos o explicaciones escritas ya que consideraba que solo después de que la manifestación de las ideas comenzaran en el cuerpo, era posible que se desprendieran lo suficiente de éste para entrar en el habla o en la escritura.

“Percepción y pensamiento son dos polos poderosos del mismo proceso. Ambos yacen en un contínuo. En un polo, más de una substitución es activa, superpuesta, envuelta en los sentimientos de anticipación y seguida por una acción que aún no está determinada. Este es el polo de la percepción. En el otro polo, todas las posible sustituciones están presentes, desactivadas y sin superposición, sin envoltura en sentimiento. Están desenvueltas desde la acción hacia el sentimiento, arraigadas en relaciones extrínsecas unas con las otras, determinadas como alternativas unas a la otras. Este es el polo del pensamiento.”

Massumi, Brian: Stelarc, The Monograph. Extend Intelligence Beyond the Earth. The MIT Press, Cambridge. MA. (pp. 8), 2008.

Inclusive si todos percibimos el mismo objeto, siempre vamos a pensarlo diferente ya que el objeto sensible va a resonar en el espacio localizado entre quien percibe y lo percibido. De esta forma, la conciencia artificial podría ser entendida como una función poética en lugar de como un objeto alternativo. De cualquier manera, nuestra evolución nos ha traído hasta un presente en el cual nuestro sistema nervioso está expuesto y extendido tecnológicamente, aprendiendo la vida. El pánico hacia nuestra evolución tecnológica no es más que una proyección de un futuro mecanizado, estandarizado y especializado, que ha quedado obsoleto.

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