Serenos Cantos / Antolina Martell

Serenos Cantos

Antolina Martell

  Primeros pasos


Mi amiga L, para alentarme a cocinar
, me aseguró que saber los secretos de la cocina le había ayudado, sin mayor esfuerzo, a pasar de ser vista como una mujer de baja estatura  a verse como una mujer interesante e imaginativa, muchos la creían capaz de realizar actos de magia en las veladas amorosas, esto por supuesto la podía agotar pues le tocaba hacer de geisha y a lo sumo podía soportarlo un fin de semana.  Eso me hizo recordar las palabras de la abuela, decía con la constancia de una tejedora en dos ajugas: “Novio quiere decir que no vio nada, así que mucho cuidado”. En mi propósito de estudiar Artes Plásticas, un quehacer oneroso y poco honroso, debí mantener cierta postura, inquebrantable, la sociedad veía a los artistas como seres exacerbados. De esa época guardo una gran defensa de la tía E: “No hermana, no, esa niña llega aquí manchadita de tinta y perfumada a gasolina”.En La Florida, una hacienda proverbial, su fundador, mi abuelo, pudo bendecirme al nacer cuando apenas le faltaban dos años para cederla en herencia. Fui celebrada con ron de su alambique.  Di mis primeros pasos,  justo cuando comenzó a funcionar el central azucarero y los viejos torreones se enfriaron sin el humo dulce del papelón. Sobre las piernas de mamá, tenía unos tres años, a paso de mula acompañé a la familia a la recolecta del café a las haciendas de arriba. Aprendí a jugar cartas, comer cangrejo y a desgranar maíz. A la vuelta, desde el ocio de la memoria, modelaba esos caminos de montaña en mi cobija rosa, mis dedos le señalaban a la abuela las pozas esmeraldas, le conversaba sobre las voces del río y los quehaceres de la gente, tal como ella nos contaba sus historias al caer la tarde. Una vez a la semana se le enviaba a la familia paquetes con los productos cosechados y unas cartas recuento de ocurrencias; mi carta era una imitación perfecta del borrador escrito previamente por mamá.

Me acompañan tres poemas. El del amigo que me enseñó el lenguaje poético: Antolina, y, ese mismo año, Mi primer poema, escrito con gran afecto para un niño. Posteriormente 33 años después, el poema  En un mundo de sueños…. escrito por ese niño, ya padre.

Antolina

Amarilla y pura,

Recostada contra el azul oscuro de los tres mundos

Te canta una sola música de esferas,

En un fuego único de rombos rojos.

Si no puedo mirarte desde un espejo,

Siento pena de rayar tu espacio inmaculado

Mi espíritu sonámbulo tropezó contigo,

Extrajera excepta de todas las formas.

El sonido mágico de los bambúes caídos

Me susurra tu nombre,

Antolina.

Con amor Ciber.

1975

Mi primer poema, el más sensato

A un niño lo tome en mis brazos y me sentí enredadera de miel.

Me negaba a dejar ir el encanto de vivir  soñando.

He aquí unas líneas dedicadas a ese afecto.

Cuando se ocultan las alas de un mundo

y no puedo dibujar

me interno en tu bosque secreto.

¿Dónde?

La luz pasa por las rendijas

de nubes verdes

y los pájaros tienen colores

por qué tú ves bonito.

Las piedras a nuestros pasos

suenan a campanas lejanas.

Dejamos charquitos

para que la viajera luna y las estrellas

mantengan su reflejo en la tierra

en las noches más oscuras.

Mientras,

nuestra risa se confunde con el canto de los grillos,

aquí somos la risa de la hierba.

Hemos llegado al final del bosque,

me coloco alas de papel amarillas.

¿Sabes?

El mundo hacia donde voy

las historias tienen un fin, espérame.

Volveré siempre a ti,

Antonio Luis.

Al niño que amo.

8 de Septiembre de 1975

En un mundo de sueños….

Tiempo atrás una pintora de fantasías y sueños quiso hacer palabras de sus imágenes

Retratos de las risas, cuadros de la brisa y el sol

Frases de los sentimientos, poner cariño en las comas y besos en los párrafos

Dejar fluir  esos ríos que tenemos los niños  en nuestras risas y que fluyen con igual fuerza, sin parar y regando todo cuanto se topan.

De iluminar ese mundo que vemos más allá de la imaginación, en la que nos gusta vivir, y saltar

Así, una pintora que tiene a esa niña dentro de sí, en sus venas, en sus lienzos, en su paleta y en cada pincelada, una pintora que salió de un lienzo que llaman Cumanacoa, le dijo a un niño, muchos años atrás, que le iba a pintar en palabras ese mundo de sueños que solamente los niños pueden acariciar, sentir  y correr.

Y así se puso la pintora… agarró y se durmió, para tomar los colores que aun no existen, las prosas que están por venir, y el amor que se respira con toda una alegría mezclada de dichas y tristezas, de saltos y caídas, de grillos y coquitos que viven debajo del agua, de nubes infinitas en las que dormimos…

Así lo pinto, y así lo escribió, para un niño que quería lo cuidase por mucho tiempo

Como si viviesen en Nunca Jamás,

Entonces esas frases se convirtieron en parte de su mundo de fantasía que siempre le ha acompañado y ha ayudado a ser lo que es, un niño feliz que va creciendo

Así pasaron los años y esas palabras de fantasía, para un niño de 5 años, se hicieron parte de su ser, y el tiempo le dijo que tenía que pasarlo a otro niño a otra niña.

Su nuevo dueño, que no es otro que la inocencia infantil y todos los niños del mundo, le dijeron a Fabiana, la hija del anterior guardián, que lo cuidara por otros años más, para seguir iluminando las fantasías del mundo infantil, la vida del mundo real

Ese que aun después de muchos años seguimos viendo cuando cerramos nuestros ojos

En la noche al casi dormir,

en la cima de alguna montaña,

o en un hermoso paisaje

o en el abrazo de un hijo.

En ese mundo infantil,

Antonio Luis, una persona que sigue siendo un niño soñador.

Caracas Enero 2011.

El rostro de mi hija lo vi antes de nacer, en sueños. En lengua Kariña su nombre significa, sendero. Sendero vislumbrado en el zaguán de aquella vieja casa bañado de luz, pizarrón de niños; números y letras definiendo caras risueñas y la mística rayuela de avión regalándonos sueños. Yo no creo, no,  que al polvo se lo lleva el viento.  Fue desde el silencio donde visualicé un mundo que surgía de la nada. Un mundo emergente y solitario para ser compartido, mostrado en un espacio donde el sentido de la vista lo tamiza, dejándole al espectador infinitud de sensaciones. Origina sentido de pertenencia para reencontrarse. Sobrevivo como las lagunas nacidas en la piel del llano. La piel sabe de lluvias y de sequías. De ciclos. Lucho para volver a ser pasto verde, después de pasto seco tocado por el fuego, de noche oscura. Serenos cantos.

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