Los chamanes me enseñaron que ser transexual no es estar enfermo

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EL NACIONAL – Viernes 20 de Marzo de 2009    Educación y Sociedad/6

Educación y Sociedad

LEY Piden agilizar tramitación de cédulas y pasaportes

“Los chamanes me enseñaron que ser transexual no es estar enfermo”
El primer trans masculino venezolano que cambia legalmente de identidad promueve la educación sobre los derechos de género

LEIDYS ASUAJE

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Guillermo Galindo vivió un proceso de curación con la reasignación de sexo ALEXANDRA BLANCO
Los sueños que tuve están relacionados con mis angustias. A los 4 años soñé con un ser completamente velado.

A los 7 apareció un diablo jugando con un trompo. A los 9 vi a mi abuela, la gran madre de mi familia, completamente desmembrada. A los 13 veía a Cristo. A los 16 soñaba con un puño cerrado y un anillo con poderes. A los 19 veía a un diablo con toga y un pizarrón detrás.

Antes del proceso sólo pensaba: odio mis tetas, siento angustia cuando mi familia me pide que me comporte como una mujer. Lo femenino estaba devorando mi existencia.

Al principio me sentía culpable, por eso veía al diablo, el de lo religioso, también veía al diablo académico porque muchos de mis compañeros y profesores me veían mal.

Mi familia es muy clásica.

Mi mamá siempre fue mi mayor tirano. Ella tuvo cinco hijos y creía que yo era la única hembra. Pero el tiempo se encargó de mostrarle que estaba equivocada.

A los 22 años de edad sentí que si no hacía algo, iba a acabar con mi vida. Pensé en el suicidio. Me sentía muy mal porque acababa de romper con mi primera pareja estable.

Pensé en dejar de comer o en irme a una montaña que sólo yo conocía. En ese momento, me encontré con la literatura de Carlos Castañeda y el mundo del chamanismo.

Castañeda no sólo influyó en mi vida sino en mis conocimientos académicos. Cuando iba a la mitad de mi carrera de Antropología, los chamanes me enseñaron que ser transexual no es estar enfermo, y así comencé mi travesía para la reasignación del sexo, que fue para mí como un acto de curación.

Para los chamanes todo era más fácil. Fui encontrando fotos y documentos de indígenas que vivían con eso que ellos llamaban “los dos espíritus”.

Cuando un niño de la tribu no estaba conforme con el sexo que tuvo al nacer, se lo presentaban al chamán o chamana, y entonces el niño asumía el género con el que se identificaba su cerebro y todo su ser.

Tanto el chamanismo como la alquimia me enseñaron el código de ser del guerrero, por medio del cual afronté un proceso muy duro. Dicen que los chamanes trans eran totalmente poderosos, porque vivían la maternidad y otros rituales del género con el cual se identificaban. Siento que ellos nos dan una lección, porque en sus comunidades eran personas sagradas.

De hecho, don Juan, el maestro de Castañeda, era machista y denigraba de las mujeres.

Hasta que le impusieron el castigo de vivir como ellas durante un año. Los rituales para aceptar la existencia de varios géneros sexuales eran típicos en las etnias de los yaqui, en México, y los yuma, al sur de Arizona.

Yo tuve que hacer mi proceso de reasignación en centros públicos porque no tenía recursos para que fuese de otra manera. Para mí fue muy fuerte la discriminación, sobre todo por parte de los médicos. En la Maternidad Concepción Palacios me hicieron varios exámenes, pero en ese momento no había protocolos para atender a transexuales, y creo que todavía no los hay.

Cada transexual vive una experiencia distinta. En mi caso, que vengo de una familia tan machista, era importante que todo esto siguiera el proceso formal. Con las pruebas médicas le decía a mi mamá: ¿Ves, mamá? Tengo un bloqueo enzimático, orgánicamente se explica esto que estoy sintiendo. Pero mi familia reaccionaba de modo adverso, mis hermanos nunca se preocuparon por acercarse.

Cuando me sacaron la matriz, estuve dos semanas en blanco. ¿Qué me pasa? No entiendo. Así pasaron unos días hasta que poco a poco me fui sintiendo muy feliz. Recibir la primera inyección de hormonas fue para mí felicidad pura.

Ahora no tengo necesidad de decir que soy transexual.

En 1991 fui el primer venezolano en cambiar legalmente la cédula y todos los documentos de identidad. Mi psicóloga me dijo que en adelante me refiriera a mí desde lo masculino, con pronombre él para todo.

Pero miré hacia atrás y me di cuenta que siempre me vi como niño.

Por mi trabajo y mi experiencia supe que los indígenas manejan una cultura del cuerpo muy distinta a la nuestra.

No existe un cuerpo estático ni definitivo. Es lo que aprendí de las tribus. En la cultura de mi familia yo tenía que morir como nací.

Junto con Nelson Garrido tengo un proyecto para recoger información de los transexuales en comunidades indígenas de Venezuela. No sé casos de chamanes, pero sí tengo algunos registros fotográficos de trans en las comunidades de waraos del Delta Amacuro, y los jiwi de Apure.

Lo precioso sería aceptar nuestra identidad sexual como lo hacen los indígenas. Lo mío era la necesidad de curarme. Otros, simplemente, piden una cédula, un trabajo y el respeto.

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