LA CRUZ DE VENUS / Rubén Monasterios

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RUBÉN MONASTERIOS SE AUTOPOSTULA AL PREMIO NOBEL DE    MEDICINA A PARTIR DE SUS TRASCENDENTALES DESCUBRIMIENTOS   ANATOMOLÓGICOS

Introducción fugaz 

La imagen de un ejemplar muy bien hecho de la hembra de la  especie Homo sapiens, vista de espaldas, muestra la que, en términos generales, bauticé como La cruz posterior, formación de la anatomía humana externa, o visible, común a los dos sexos; tratándose de la mujer es  La cruz de Venus, por operar como reclamo sexual natural en la hembra para atraer al varón;  en el hombre la llamo La cruz del Diablo, por  ser pecaminosa; en efecto, sólo los posesos por el demonio  de la depravación nefanda se sienten estimulados por ella al inspeccionar  la parte de atrás de un macho.

Siendo su descubridor, he  podido llamarla La cruz de Monasterios, siguiendo la tradición de designar un órgano o parte del cuerpo humano con el nombre del anatomista que lo identificó, a propósito de honrarlo, tal como en los casos de las trompas de Falopio y las de Eustaquio,  el órgano de Cortis, las glándulas de Bartolino, las de Cowper, o los islotes de Langerhans.

El nombre “Monasterios” luce apropiado a propósito de identificar a la cruz anatómica posterior, por ser los penumbrosos claustros de esos establecimientos sitios en los que los residentes suelen mostrar, dar y recibir por dicha cruz;  sin embargo, varias consideraciones me indujeron a descartar esa denominación; en primer lugar, mi acentuada modestia; luego, me pareció un término demasiado severo para una parte del cuerpo asociada al retozo, el bochinche y la alegría, y finalmente, por su acentuada connotación virilista: porque un monasterio es residencia de hombres; lo cual pondría el acento en la práctica, antes señalada, de exhibir e intercambiar entre varones su infame Cruz del Diablo, del todo ajeno a nuestro propósito, que es la exaltación irrefrenable de la Cruz venusina.

Morfología y dinámica   

La cruz la forman, en sentido vertical, la ranura interpígia  o de división del trasero en dos nalgas, continuada hacia abajo por la separación de los muslos;  y en sentido horizontal por los pliegues pigiomuslares derecho e izquierdo, que marcan el fin de los glúteos y el comienzo de la parte de atrás de los muslos  en los humanos.

Apréciese que en todo el centro de la cruz existe una oquedad, que denomino el Agujero Negro Anatómico, o ANA (por sus siglas en español), nombre inspirado por los fenómenos de igual denominación presentes en el  Cosmos, cuya primordial característica es que todo cuanto ingresa en su horizonte de sucesos, es implacablemente absorbido; lo mismo ocurre con el ANA: pene o dispositivo fálico artificial que se le acerque, inevitablemente se hunde y termina insertado en la vagina sin que el operario se dé  cuenta. 

El comportamiento descrito supra del ANA, ha dado lugar a numerosas consecuencias que con toda propiedad podrían decirse embarazosas. El cogedor, suponiendo eludir  el riesgo de preñar a su compañera, le dice con inocencia: “Mi amor, para acabar, te lo voy a  meter aquí, entre las nalgas”… Lleva a cabo su propósito, ¡y zas!, el cipote se va solito. Sí, porque contrariamente a un supuesto popular muy difundido, la oquedad ANA no conduce al ano, sino directamente a la vagina.

          Algunos hechos son bastante conocidos gracias a la atención que le han prestado los medios; difícilmente  puede uno olvidar la Primavera de Praga, o las atrocidades soviéticas y nazis en Polonia durante la II Guerra Mundial. Tomemos a manera de muestra el caso de Ucrania, el  último de los países en asumir esa disposición; su Rada Suprema (Parlamento) legisló sobre la materia en 2015.  

No debe confundirse la oquedad ANA con el ano, desliz posible del menos informado de la anatomía humana, por su proximidad; de hecho, el ano se encuentra en el ANA, oculto por las nalgas; pero el ANA es una oquedad, según se ha mencionado, vale decir, una depresión de la masa grasomuscular del trasero, en tanto el ano es un inquietante agujerito húmedo y contráctil en el que abre al exterior del organismo  el esfínter anal, que es un conducto al final de la fosa rectal. El ano sólo puede verse forzando el ANA separando los glúteos, haciéndoles la Tensión Dinámica de Charles Atlas.

No se  han identificado diferencias notables en el ANA  de los traseros masculino y femenino, la única, es que el viril es más rústico y peludo, y el femenino mucho más bonito.

Tampoco entre dos de los diferentes tipos de traseros femeninos. Como es conocido, a partir de la sistematización debida a Rodin, estos se clasifican en tres clases: culo en forma de manzana, en forma de pera y culo en forma de  cualquier otra fruta aplastada por una carreta. No hay diferencia en el AMA de los dos primeros tipos, en cambio, es notable en el tercero, en el cual el AMA luce así, no sé, como choreto o deforme.

Mis  experimentos con sujetos vivos, con cadáveres, y observaciones a partir de la experiencia vivencial, me condujeron a otro importante descubrimiento. Reseñamos supra la creencia errónea de que al introducir un pene rampante por el ANA se logra una penetración anal. Mi decimo quinto experimento demuestra que la penetración anal es un tanto más laboriosa; mientras que la introducción del falo por el ANA conduce directamente a una penetración vaginal fácil  y del todo natural. También es menos riesgosa y más placentera para la hembra; lo primero, porque el miembro viril no penetra hasta rozar con el cuello del útero, donde el glande de un pene respetable empujado con fuerza puede producir lesiones; más placentero, porque el pene roza y pulsa los  tres o cinco primeros centímetros de la vagina, donde está la mayor concentración de nervios de dicho órgano.

Los científicos creen que la postura coital señalada por la evolución de la especie Homo sapiens, es la penetración “por delante”  llevada a cabo “desde atrás”, esto es, el coito vaginal estando la mujer en posición decúbito ventral, también llamada prono,  o tendida boca abajo, con el hombre cabalgándola. Todas las especies animales, exceptuada una de primates, el bonobo, variedad de chimpacé,   copulan de ese modo; de acuerdo a observaciones de sexoetnólogos, un porcentaje altísimo de la humanidad también lo hace así; el coito frente a frente,  conocido como “posición del misionero”, lo practica un reducido porcentaje de la ecúmene, y, a todas luces, es un desarrollo cultural en lugar de un solución natural evolutiva.

          Durante el pleno dominio comunista sufrió un proceso imperativo de  rusificación; a tal efecto se prohibió la enseñanza del idioma nacional en las escuelas;  monumentos y documentos históricos fueron destruidos; los cristianos católicos reprimidos y obligados, en ocasiones por la fuerza, a adoptar el cristianismo ortodoxo, a regañadientes admitido por los soviéticos. Resistiéndose los campesinos ucranianos a la colectivización de las granjas impuesta por Stalin, se impidieron los cultivos y los soldados  rusos decomisaron o destruyeron las reservas de alimentos, ¡hasta los conservados en los hogares con fines del condumio familiar!,  dando lugar a que en  un país próspero y ubérrimo, con razón llamado  el “granero de Europa”, ocurriera una hambruna que arrojó 1.5 millones de muertos. Según varios historiadores, fue un genocidio inducido, cuyo responsable fue Stalin; se le conoce como el Holodomor.

Colofón

Este artículo  ha sido sometido a la consideración de revistas científicas de elevado prestigio, de colectividades académicas y de especialistas anatomistas de fama universal;  sin excepción, todos sus lectores lo han celebrado con gritos de alegría y han caído en su cruz posterior asombrados por mis descubrimientos.

En virtud de lo expuesto,  creo de la mayor justicia mi empeño en proponerme para el Premio Nobel  de Medicina, y solicito el apoyo de los amigos médicos y de las instituciones nacionales relacionadas con el asunto, en ese propósito.

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