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Daniel Dannery

CINE PERDIDO.

Glass.
(M. Night Shyamalan. 2019)

Shyamalan renació de la mano de la casa productora Blumhouse. Serán años de agradecimientos los que M. Night le deberá a Jason Blum. Un grosso de la industria cinematográfica. Una especie de Roger Corman moderno, su Blumhouse es todo lo que The Cannon Group, fue y soñaba con ser. Bajo contrato, ambos, autor y productor, nos han entregado tres piezas brillantes en lo que al género fantástico y de terror se refiere, la estupendas “La Visita” “Split” y “Glass”, estas dos últimas, piezas de una trilogía inesperada, que arrancó hace mucho tiempo con el estreno de “Irrompible”.

Glass, es el último proyecto que el cineasta indioamericano, logra concebir. Sabemos que Shyamalan sabe codificar, y por ello es que su ensayo sobre los <<superhéroes>> termina siendo la versión resumida de al menos 20 años de cine palomitero dedicado a los personajes de capa y poderes. Y aún así guarda un as bajo la manga.

La codificación de Shyamalan siempre se ha bandeado en terrenos de lo fantástico, con una visión a veces fría de la realidad, algo que se puede apreciar de forma magistral en películas como Sexto Sentido, Irrompible y La Visita. Sendos trabajos que demuestran que es un cineasta que sabe manejar la tensión, el suspenso, y la creación de atmósferas poderosas. Tiene buen gusto en sus planos, y sus cámaras son merodeadoras. Es un gran puestista.

Aunque disímil (pues lo hemos visto en horas bajas, basta recordar películas como Avatar o After Earth), en sus películas más discutidas, también hay imágenes que aún no se nos borran de la mente. Los hombres cayendo de los rascacielos en The Happening, los monstruos del bosque en The Village, o aquella escena en que Joaquin Phoenix sostenía el bate para darle su trompada al marciano de Signs.

Shyamalan es un cineasta de momentos dorados. Me atrapó en Sexto Sentido, y disfruté de ese cuento de hadas rarísimo que es La dama en el agua (película donde hay una discusión crítica sobre si el cine de serie B, es algo de provecho o no. Vaya ironía.)

En Glass, Shyamalan apunta hacía un mensaje social, la anulación del superhéroe por la construcción del héroe. Además hay un metadiscurso humanístico de por medio, el reconocer que el hombre tiene la fortaleza necesaria en su interior para asumirse como poderoso, evolucionado y creyente. Es por ello que su cierre, también es un inicio, una historia de <<orígenes>> como nos aclarará el propio Mr. Glass, en lecho moribundo.

Reivindica la figura del Villano, sosteniéndolo hasta el final, ¿importa pagar dolor con dolor cuando el fin es no padecerlo más? reconstruye de esta manera y nos adelanta el final de Thanos, donde en el culebrón espacial, el villano también busca el equilibrio del universo.

El cine de superhéroes, ha resurgido el pensamiento maquiavélico de <<el fin justifica los medios>>. Habrá que pensar entonces ¿qué clase de villanos tenemos encima? ¿héroes disfrazados de villanos? ¿villanos disfrazados de héroes? ¿quién se cree capaz de mantener el equilibrio del universo, y nuestras acciones en las lindes de lo políticamente correcto e inmoral? (sólo la sociedad del trébol debe tener semejantes aclaratorias).

Shyamalan dispara una vez más, redes sociales.

¿Cómo en el siglo XXI llega un mensaje de fe? A pocos minutos del final, a Shyamalan no le hace falta mostrar las pantallas de los celulares para hacer llegar el mensaje de lo que está ocurriendo, y por ello fotografía a la distancia (una vez más). Los voceros de los tres “dioses” están dentro de la torre presenciando un despertar, a través de las redes sociales. Viralizando a los mesías (extintos) para generar el impulso de una posible verdad, que ayuden a construir nuevos héroes. Madre, hijo y amante. La tríada arquetipal que conforman los fabulosos personajes interpretados por Charlayne Woodard, Spencer Treat Clark y Anya TaylorJoy. En ese orden. Llevando a cabo el plan del que siempre supusimos era el villano de la función, de manera redonda.

(El paralelismo de estos mensajes, con nuestra realidad social y política, además pareciera competer a quienes pongan sus pies en la calle, en este año revoltoso.)

En Glass, la unificación de ambos códigos temáticos (héroe/superhéroe), asombra, pues estamos en un mundo dominado por películas “serie b” en masa, de superhéroes. Debate industrial popular, de acuerdo a la fábrica de “dioses” de preferencia. Elija usted si gusta del murciélago, o de la araña (o de ambas, ya a estas alturas nos da igual). Shyamalan pareciera dejar colar ciertas intenciones, y empezar a asomar la idea, que va siendo tiempo de bajarle dos a la fabricación en masa de hombres de hierro, acero y vibranium o amazonas, extraterrestres y espías, partiéndole el trasero a los hombres malos de la era Trump.

De manera ingeniosa, el bueno de <<M>> sabe cubrir las carencias de producción de la Blumhouse (recordemos que se caracterizan por hacer películas con presupuestos muy bajos para lograr ganancias en taquilla que triplican y multiplican la inversión inicial), y nos muestra solo lo necesario y a la distancia, a su vez, nos acerca lo suficiente en continuas subjetivas a las peleas cuerpo a cuerpo. No se echa de menos y para nada, peleas de 40 minutos de duración, como aquella de Man of Steel, de la que todavía me estoy sacando escombros del pantalón, pues recuerdo que Nueva York (Metrópolis) quedó demolida en aquella ocasión.

Es innegable la contundencia de su discurso, sin perder el objetivo del entretenimiento. Quizás en este apartado es donde nazca la -a veces- inflada comparación con Hitchcock. Es asombrosa también la forma como ficción y realidad parecieran dialogar una vez más. No es gratuita la elección del trío protagónico. Rostros que hemos visto ir y venir a lo largo de estos años, en cada folletín audiovisual de la fábrica de sueños Marvel, o nostálgicos del cine que construyó hombres duros capaces de asemejarse a superhéroes, tal es el caso de  Bruce Willis, un héroe de acción, al que particularmente no le sienta mal, como canto de cisne, esta muerte digna y shakespereana, con la que nos encontramos en el tercer acto, que termina por resolver el truco de la función, ese truco recurrente de Shyamalan, que nos recuerda la novela de Henry James, otra vuelta de tuerca.

Glass, supone un gran punto y a parte en el mundo del cine de superhéroes. Sabemos de sobra que James Gunn posiblemente en el 2032, vuelva a ser contratado, para ¿quién sabe?, una posible “Guardianes de la galaxia 5”. Para ese entonces las cosas se habrán salido de control (una vez más), y seguramente estaremos viendo a Batman combatiendo contra el Guasón junto al enmascarado de plata. Probablemente el argumento en cuestión tenga que ver con el levantamiento del muro en mexicali. Y Glass, ya habrá marcado los límites fronterizos del auge y caída de un género que picó y se extendió a lo largo de dos décadas.

James McAvoy, ha encontrado además uno de esos grandes personajes, por el que será recordado el resto de su carrera. Samuel L. Jackson, sin parche y vistiendo su sensacional y fantástico sobretodo sintético tornasolado, luce complacido. Bruce Willis, recuerda la imagen del héroe en decadencia, símbolo que hemos podido ver en principio este año en la monumental “La mula” donde el héroe de guerra norteamericano, se convierte en traficante de drogas, y al final, termina jubilado en la cárcel sembrando orquídeas, un final de camino para un Eastwood arrepentido y retrospectivo. Se lamenta en todo caso, que el bueno de David en Glass, no haya sido tan <<duro de matar>>.

Por último, Glass, no deja de recordar la herencia dramática magistral de “Watchmen”, prima hermana, con puntos en común. Aunque por el contrario, no superable a los genios de Alan Moore y Dave Gibbons.

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