El Placer Desvirtuado/ Daniel Dannery

El placer desvirtuado.

Una nota sobre Blind Beast (1969, Yakuzo Masmura)

Yakuzo Masmura, cineasta activo durante la Japón de la postguerra, alumno de Antonioni, Fellini y Visconti, casi 60 películas en su haber, un gusto disímil apegado a los géneros cinematográficos, entre la vanguardia y lo comercial; para leer un poco más sobre su obra, pueden leer el dossier realizado por la revista Mirada, bajo la pluma de Borja Vargas. Notas altas y bajas, y una película “Blind Beast” (1969), ante todo, perversa.

“Blind Beast” relata la historia de un amor, de un fetiche y de una obsesión. Aki; interpretada por Mako Midori, es una modelo de artistas, las fotos y esculturas que han hecho de su cuerpo, son piezas más dentro de la inabarcable colección de las galerías contemporáneas. Su cuerpo: un fetiche para la creación de artistas, un tanto vampiricos, un tanto burqueses; y es que vampirismo, arte y galerias van de la mano, como una mañana en los alpes junto Heidi. 

Michio, a la orden de Eiji Funakoshi, no es un “artista” en toda regla, se define más bien como un entusiasta. Michio, es ciego, y ha descubierto el mundo a través del tacto, como lo expresará en los primeros minutos: 

“Todo lo que le queda a un ciego es el oído, el osfalto, el gusto  y el sentido del tacto. Los sonidos son como el viento, no traen satisfaccion. Nuestras narices, no son tan sensibles como las de los perros. La comida, simplemente llena nuestros estómagos. Pero lo que he descubierto, es que el tacto es la única manera de disfrutar. Nuestra única satisfacción, la táctil.”

La primera de esta “ceguera bestial” (que podría emparentarse a la ceguera de Saramago) arranca con Michio acariciando con frenesí y entrega una escultura elaborada sobre el cuerpo de Aki, en una galería. Aki, lo descubre a la distancia, y una voz en off, de la propia Aki, nos revelará que observar aquel hombre acariciar la escultura de su cuerpo, la hace sentir como si le tocaran el cuerpo realmente, una sensación que nos advierte, no le gusta para nada. Y que nos revela la cualidad de tótem, del cuerpo de Aki.

Michio, es también un artista del disfraz, un estafador, un delicuente, un secuestrador, es capaz de hacer lo que sea con tal de llevar al máximo su placer, su obsesión táctil de obtener, por medio de la piel de sus modelos, la satisfacción que la ceguera, le ha arrebatado. Así que procede a embaucar a Aki, haciéndose pasar por un masajista en su apartamento (una sutileza del guión). Dentro, Michio aprovecha para rendir honores a Aki, por la pureza de su piel, y manosearla al pie de la cama. Aki, lo rechaza inmediatamente cuando el abusador se despliega entre los senos, y es el momento en que Michio aprovecha para sacar un pañuelo con formol, dormirla y raptarla. 

Justo después, se nos descubre el tercer y último personaje que nos acompañará en la historia: La madre de Michio, su cómplice, quien será la encargada de ayudar a su hijo, a sacar el cuerpo dormido de Aki del apartamento, e intercambiarla en algunos taxis, para no dejar rastro del secuestro. 

El resto de la historia orquestada por Masmura, se desarrolla en el interior del taller de Michio. Un galpón inmenso, donde el escultor tiene una colección personal de piernas, brazos, narices y por supuesto senos: a escala real, a lo largo de las paredes del galpón, abarcando todas sus dimensiones.; es lo que verá Aki, justo al despertar del sueño involutario, para luego ser advertida de sus condiciones. Michio le plantea que para ser liberada, deberá posar para él y así poder realizar su obra maestra, basada en la perfección del cuerpo de Aki. Un cuerpo que Michio se encargará de recorrer con sus manos, cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo.

Entre ambos, se va trazando un laberinto de control. Aki, juega a seducir al artista que pronto descubrirá virgen, mientras el artista va cediendo a los escantos de la modelo deseada, como un niño que acaba de descrubir una puerta nueva dentro de su mente. La madre, celosa, busca la forma de sacar a su hijo del hechizo de la seducción; y el triangulo se va cerrando en la medida que la pasión por el fetiche se vuelve inminente, hasta salirse de control. 

La relación entre madre, hijo y amante, es una nota alta en el filme de Masmura, mucho más que la del artista obsesivo, es la opresión de lo materno, lo desencadenante del fetiche en sí mismo. La madre, por un lado atiende a la exigencias del hijo, como una forma de control personal, mientras el hijo busca una salida a su brote sexual a través del tacto. Aki, no está curada de una circunstancia ideal, pues no considera que su cuerpo sea hermoso, y va dejando pistas sobre un posible encanto por el masoquismo, que pronto le hará caer la máscara, develando su sumisión.

Los personajes de Masmura, son seres arrinconados en sus propios deseos, incápaces de llevarlos y drenarlos con coherencia dentro del mundo real; conviven en un holograma perfectamente diseñado por ellos mismos, para llevar a cabo el descontrol. Están sumergidos en la caverna, casi como un relato platoniano. La ceguera de Michio, no es más que un vouyerismo táctil, así como el desprecio de Aki así misma. La madre, juega el rol de un guardían desequilibrado, capaz de intentar sacar a Aki del taller, cuando descubre que el hijo puede estar revelandose frente a cierta libertad individual, una correcta dominación de su sexualidad. 

En la madre está la visión del ideal artístico, si la ceguera de Michio ha revelado un descontrol pasional por el tacto, que ha germinado un discurso en la escultura; poner en orden el deseo, podría suponer una devacle para el resultado de las piezas futuras, algo que tantas satisfacciones económicas le han traído a Michio. 


Hay en esta red perversa, una súltil metáfora a los roles dominantes sobre la sumisión de la razón y la verdad, a través del control del conocimiento, desvirtuando en sí mismo la posibilidad de invertir las polaridades para salir de la caverna y enfrentar el mundo con otro afán. 

Causa curiosidad los símiles tematicos con otra película japonesa posterior: “El Imperio de los Sentidos”, un clásico erótico del año 1976, dirigido por Nagisa Oshima, donde el deseo se convierte en una fuerte obsesión sexual en la que se renuncia a todo, incluso a la vida misma. Lo que las distancia, es que en “Blind Beast” no es el deseo el promotor de la renuncia a la vida, sino, la falta de deseo propiciada por la ceguera sistématica que habita en todos los personajes. Resuenan, las últimas palabras narradas por Aki en off, al final de la película:

El mundo del tacto, el mundo de los insectos, los seres inferiores como la medusa, aquellos que se aventuran al borde de esos mundos, solo pueden esperar una oscura y fría muerte que los arrope.”

Sobre este pensamiento, se descubre la naturaleza inferior de los personajes entregados al fetiche, como una modalidad racional de la entrega hacía el placer desvirtuado. Hay en Aki y Michio, un reflejo de los seres más abstractos de nuestras sociedades, aquellos condicionados a una particular forma de vida, restringida desde el conocimiento del “sentido” de la vida, si desvirtuamos el término desde una lectura Frankliana, adquieriendo un carácter de desorientación. 

En Aki, Michio y su madre, se estampan imágenes crueles sobre los desauciados de las sociedades, aquellos arrastrados por otros a una vida miserable. Y todo empieza con la suma de una ecuación: Arte, galería y deseo. Ponga usted a cada una de estas palabras la definición simbolica que más le resuene, para crear su propia ecuación.

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