Cierre de Caja 2017: La hecatombe de nuestra cotidianidad / Por Manuel Vásquez-Ortega

Vientos de violencia (2001). Nelson Garrido.

 

Unidad.

Decena.

Centena.

Teníamos cien problemas,

ahora tenemos cien mil.

El billete ha sobrevivido a una larga lista de falsos atentados para llegar al 2018 convertido en evidencia de la debacle. Escapó la fiscal, también el alcalde preso. 157 fueron asesinados por gritar, y otros miles yacen en silencio tras el eco ensordecedor del hampa. Un par de millones hablan desde el afuera, mientras los que quedamos dentro nos decimos feliz año con la inestable certeza de una falsa sonrisa.

La literatura distópica se convirtió en el guión perverso de una Constitución inexistente, leída en voz baja por el parlamento en sesiones que nadie escucha. El sustento viene en cajas, que como las de Pandora, parecen contener todos los males del mundo en forma de alimentos importados. Así lo rocambolesco de nuestra cotidianidad cada vez causa menos impacto, pues hemos convertido la hecatombe en parte de nuestros días. Para finalizar el año leímos: “GNB mató a embarazada que protestaba por pernil en El Junquito”; y si el último día del 2017 cierra con un titular de tal magnitud, ¿qué podemos esperar del venidero año nuevo?

Desde hace mucho Nelson Garrido ha fotografiado los vaticinios de nuestra historia, aquello que en algún momento pudo ser grotesco pero que hoy es realidad inevitable. Muerte y excesos, violencia y neón, lujuria, armas, censura. El infierno de Dante ubicado con sus círculos en los territorios de la patria de los pecadores por incontinencia gobernados por la dictadura de los pecadores por malicia. Así los Vientos de violencia (2001) soplan en Venezuela con la sensación de una tragedia por venir. La de un tornado en medio de un huracán, la de un niño que se baña en un tsunami, la de un incendio nocturno que nadie ve.

Vzla Low – Tech (2017). Raúl Rodríguez.

Vzla Low – Tech (2017). Raúl Rodríguez.

 

 

Vzla Low – Tech (2017). Raúl Rodríguez.

 

El camino continúa por pasajes de desidia y hambre, territorios inhóspitos que esbozan una idea hiperrealista de las formas de vida en el medioevo que hoy llamamos actualidad. Así Raúl Rodríguez registra sus paseos en medio de un juicio final perenne con VZLA LOW-TECH 2017, una serie metadocumental que, a partir de la precariedad de imágenes en baja resolución, retrata fragmentos de ciudades convertidas en espacios feudales saturados por la pobreza más abrumadora.

Tal vez sin saberlo, Azalia Licón lo acompaña en su conmovido trayecto con la serie Cerrado en Caracas, en la que la fotógrafa realiza un inventario de locales que decidieron mantener sus santamarías abajo, fortificar sus accesos y sellar sus salidas hasta clausurar su existencia. 10:30 am. 4:00pm. Algunos esperan mercancía, otros, tiempos mejores, evitan saqueos o la ruina se hizo entre ellos. La esperanza de la apertura se desvanece con el pasar de las horas pues vender y comprar son acciones contadas en una economía imposible.

Cerrado en Caracas (2017). Azalia Licón.

Cerrado en Caracas (2017). Azalia Licón.

Cerrado en Caracas (2017). Azalia Licón.

 

Los productos también se desvanecen y cada vez las marcas que vemos son menos las que solíamos ver. “No hay mayor dolor que recordar la felicidad en tiempos de miseria”, sentencia Dante mientras recorre el infierno, frase que viene a la mente al ver las imágenes posterizadas de Desaparecidos. En éstas, Juan Toro Diez elabora un recuento de productos que formaron parte de nuestras rutinas y de las marcas que dieron forma a una identidad nacional moderna y próspera, a través de fotografías que transmutan su circunstancia visual para comunicar aromas, sabores y texturas de un pasado no tan lejano en el que abundancia no era sinónimo de extrañeza.

Desaparecidos (2015). Juan Toro Diez.

 

Mientras el tiempo pasa el progreso retrocede, así la oscuridad se apodera de los días para vernos sumidos en un nuevo oscurantismo, en el que los instintos más primitivos del hombre despiertan ante las necesidades de la supervivencia, pero también de la perversión. En Actuantes José Vívenes inmortaliza con sus trazos los grafismos bestiales de nuevas especies cuadrúpedas, representadas en figuras porcinas que desbordan las metáforas de una sociedad corrupta y corrompida por sus propias prácticas, como cerdos revolcados en barro de hidrocarburos, en lodo de oro, en fango de sangre.

“(…)

No es verdad que te vendiste. Tú anhelabas
dilapidarte brusca, totalmente:
un lujoso imposible.
                                 Lo sabías,
siempre lo has sabido y como siempre
aras en el mar”.

Patria, de Armando Rojas Guardia.

José Vívenes, Actuante (Exposición, 2017)

José Vívenes, Actuante (Exposición, 2017)

 

Así, una patria concebida “con voluntad precisa de fracaso” arde en llamas como el billete de 100 Bolívares que muchos quemaron al creerlo obsoleto, finado, Sin Efecto. Ante esto, Jesús Briceño disecciona a través de fotografías el proceso de incineración de una economía volátil, absurda e incompresible en 33 partes, que sumadas (en diciembre 2016) reflejarían el valor del dólar paralelo: 3.300 Bs. Hoy (12-01-2018), 168.469,65.

Nuestras tragedias se siguen multiplicando.

Teníamos cien problemas,

ahora tenemos cien mil.

Incluso más.

El laberinto de nuestra economía se incendia. Que corran los que puedan y que se vayan los que quieran. Pero que aunque se devalúe la moneda, no lo haga nuestra voluntad.

Sin efecto (2017). Jesús Briceño.

Sin efecto (2017). Jesús Briceño.

Sin efecto (2017). Jesús Briceño.

Sin efecto (2017). Jesús Briceño.

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